Diarrea – Historia personal de curación

La semana pasada notaba que no me encontraba tan energética como habitualmente, que mi estado de ánimo estaba un poco decaído, que ya no hacía tan bien la digestión y que la consistencia de mis heces estaba más blanda. Durante unos días seguía sin hacerle caso a mi cuerpo y no adopté ningún cambio nutricional para reajustar a sus necesidades. De pronto empecé a tener unas diarreas muy fuertes, entonces me di cuenta que mi cuerpo estaba suplicando por ayuda y me puse en serio a escuchar a mi cuerpo.

Ha sido una experiencia genial, porque notaba desde dentro que cuando el aparato digestivo está muy sensible, se vuelve exigente y elige sólo alimentos de muy fácil digestión. Si lo cuidas bien, mejora a una velocidad increíble, y por el contrario, si volvemos a ingerir alimentos de difícil digestión, la diarrea vuelve con toda su fuerza como si no hubiera habido mejoría previa.

En los últimos meses, había aumentado considerablemente la proporción de comida cruda en mi dieta, hasta llegar a unos 80% del total de toda la comida consumida. Durante mi gastroenteritis, sin embargo, al escuchar atentamente a mi cuerpo, sabía que me pedía productos cocinados, puesto que la cocción es como si hiciéramos parte de la digestión, y las hojas crudas y ensaladas no me parecían tan apetecibles.

Los pasos aliviaron mi diarrea fueron los siguientes:

  1. Reducir la cantidad de alimentos ingeridos. Dar un descanso al intestino.
  2. Dieta líquida (zumos, cremas, caldos, infusiones). Los productos sólidos son mucho más difíciles de digerir.
  3. Arroz cocido y agua de arroz: Alivia mucho a la diarrea, ayuda a aumentar la consistencia de las heces.
  4. Compota de manzana: manzanas sin piel cocidas durante 20-30 minutos y luego batidas o machacadas, se le puede echar canela y zumo de medio limón. Está deliciosa, es super sencilla de preparar y muy apropiada para una buena digestión.
  5. Productos crudos: Algunos productos, en forma de zumos sí que pueden ser muy favorables. Mi preferido, el zumo de zanahoria, que además de ser muy nutritivo tranquiliza el intestino de forma muy evidente. Sin embargo el zumo de manzana no es aconsejable.

La velocidad de recuperación ha sido tan increíble que no tuve tiempo de seguir probando la eficacia de todas las recomendaciones que menciono en el artículo sobre tratamiento de la diarrea.

Esta experiencia me ha enseñado cantidad de cosas. El hecho de que la compota de manzana y el arroz cocido sentaba tan bien me recordó a la dieta macrobiótica, basada sobretodo en productos cocinados con gran limitación de productos crudos (son amantes del arroz cocido y de la compota de manzana). En los últimos años, puse en cuestión el valor de la macrobiótica, porque considero que los alimentos crudos tienen una superioridad nutricional muy elevada respecto a los productos cocidos, por lo que progresivamente he ido aumentando la proporción de crudos en mi dieta.

¡De pronto me encuentro comiendo manzanas cocidas y siento que mi cuerpo lo agradece de forma espectacular! Por algo será. Vuelvo a considerar que la macrobiótica tiene algo que decir en cuanto a nutrición. Entre el crudivorismo puro y la dieta macrobiótica no sólo hay que encontrar un punto medio, sino que adaptarlo a cada ocasión y a cada persona en su integridad.



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